Sensodanza: romper con lo imposible / “Caronte” en el Cenart

Nueve meses de gestación bastaron para dar a luz a Caronte. El justo tiempo en que una vida se forma en el vientre humano. Paradójicamente, este proceso vital dio vida al ser que cruza las almas de quienes recién fallecieron por el río que va de este plano al otro. Vida y muerte, esa eterna alianza y motor que tanto ha producido: filosofía, arte, ciencia… Vida y muerte (tan cercana en estos tiempos) cobijaron el nacimiento de esta obra, después de nueve meses de trabajo, y que se presentará en el Teatro Raúl Flores Canelo del Centro Nacional de las Artes este 22, 23 y 24 de abril.  

Sensodanza es una compañía independiente que cumple 20 años de trabajo ininterrumpido. Su directora y fundadora, Diana Fernández, nos aclara: “Somos independientes, nunca he tenido un peso del gobierno. Eso me hace sentir que somos independientes. Podemos ir a bailar a Japón o a Guatemala y nosotras vemos cómo conseguimos y gestionamos. Claro que me gustaría pagar ensayos, por ejemplo, que es la contraparte, pero eso lo compensamos de manera que a quienes forman parte de Sensodanza, les gestionamos trabajos u otro tipo de apoyos. Nos hemos mantenido por gusto y por placer. No le debemos nada a nadie. Es un espacio de placer y libertad”.

Y esa postura ha llevado a la compañía a otros caminos y otras búsquedas, como cuando la visión propia no comulga con la de autoridades o jurados. La coreógrafa nos dice: “Nunca he comulgado con la visión del cuerpo de la vieja guardia, donde también se quiere ver solo perfección, cuando mi discurso va más a lo emocional. He enfrentado eso saliéndome de ahí, entrando en otros lugares y siendo independientes. Es raro que tengamos funciones en un teatro, es más fácil que bailemos en el parque o en el reclusorio y está bien”.

Diana Fernández / Caronte

La compañía combina su labor con la danzaterapia, que ejercen sus integrantes, y con la impartición de diplomados en danzaterapia en varios lugares de México. Respecto a la integración de lo terapéutico en lo coreográfico, nos comenta: “No busco bailarinas perfectas, ni la perfección del cuerpo, sino que entiendan el discurso de movimiento. Busco que en escena conecten con lo que pasa, que la gente lo sienta. Lograr una comunicación más terapéutica, desde lo interno, ahí se hace la conexión. Fuera de lo bello o lo perfecto, sino de lo que puedes transmitir al otro y que sienta que puede hacerlo. Romper con lo imposible. Hacer sentir al otro”. Nos comenta que en los montajes también está la danza terapéutica, “eso se da en el desarrollo interpretativo, con un proceso emocional que veo en sus cuerpos y que se manifiesta en ese momento. El ojo clínico me lleva a no decir: ´quiero que subas la pierna hasta acá, si no puedes, buscamos a otra´, sino que es una búsqueda donde vamos acompañándonos y es terapéutico. Por eso es importante el proceso”.

Caronte

¿Qué tanto hablamos de la muerte?, ¿cómo es nuestra relación con ella?, ¿cómo hemos enfrentado el duelo personal y colectivo que dejó la pandemia? Una respuesta es el silencio, el callar para no enfrentar, para no abrir heridas; el temor de mirar la muerte y nuestras pérdidas y el dolor y vacío que está ahí. Caronte puede ser esa invitación a mirar la muerte desde otro punto de vista que fluye como el río que el personaje navega. Esta pieza nos invita a entender el tránsito, a mirarlo.

Abril Luna, Gáyla Ilirya y Diana Fernández / Caronte

Caronte es el encargado de transportar las almas de los difuntos al Hades, es el intermediario junto a las tres moiras, hijas de Zeus, que hilan y tejen y cortan el destino de los hombres. Con estos personajes se desarrolla la pieza.

Como mencionamos al principio, la obra tardó 9 meses en ser creada, respetando tiempos y procesos. La coreógrafa nos cuenta: “Había días que montaba solo 30 segundos, y me sentía feliz por no correr ni estar presionando, sino sólo escucharnos. Cómo coreógrafo, ¿qué tanto te importan los cuerpos que tienes?, ¿cómo integras a una nueva bailarina? Hay que conocernos, integrar su corporalidad a la pieza. No es tiempo perdido. Es inversión para que se genere una energía que se pueda llevar a escena y que el público lo sienta”. En estos meses “nos dimos chance de conocernos y reconocernos. Iniciamos en la pandemia. Redescubrimos nuestro cuerpo. Yo ya no quería hacer coreografía, estaba cansada de hacerlo, en una monotonía y no me sentía bien. En la escuela [ahora estudia coreografía en la ENDCC] me di cuenta de cuánto me gusta la libertad y mi tiempo de hacer lo que yo quiera”.

Son 20 años de hacer coreografía, de continuo aprendizaje y de reinventarse. Con Caronte, la compañía deja de lado el discurso frontal, visceral, rabioso que había mantenido, para abordar una poética de oscura luminosidad y que podrán ver y sentir en el Teatro Raúl Flores Canelo del Centro Nacional de las Artes este 22, 23 y 24 de abril.  

Caronte

Puedes adquirir tus boletos aquí o en la taquilla del teatro.

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