Fóramen M. Ballet: navegando por las puertas del cielo

Fóramen M. Ballet se ha convertido, a base de trabajo y constancia, en la compañía más representativa del estado de Morelos, México. Ganadora de premios y apoyos para la creación, la compañía alista su festejo de 25 años, mediante los cuales no sólo ha hecho obra, sino una escuela y formación de numerosas generaciones de bailarinas y bailarines en el estado.

Y en este marco es que el maravilloso Centro Cultural Teopanzolco de Cuernavaca acogió a la compañía para el estreno de “Navegando por las puertas del cielo”, montaje interdisciplinario interpretado y dirigido por Marcos Ariel Rossi, que forma parte de “SINFONÍAS”, trilogía coreográfica sobre el sentir del individuo en estos tiempos inciertos.  

¿Y qué generan estos tiempos? Soledad, incertidumbre, ciertas inseguridades, entre muchas cosas, y también propician reflexiones personales, íntimas, un acercamiento con nuestra gente que, paradójicamente, no podemos ver. Permanecemos inmersos en un encierro físico, en un largo impedimento de abrazar, de tocar, de sentir presencias físicas; sin embargo, quizá como un mecanismo de defensa y sobrevivencia, nos acercamos, tocamos, abrazamos, sentimos las presencias. Y desde la memoria corporal, olfativa, del tacto, del sonido, traemos a esas personas y hablamos y bailamos, y nos reconfiguramos, nos reencontramos con nosotros mismos y hallamos fuerza y sentido para continuar.

Tal parece que el coreógrafo transita este camino. Y estos “tiempos inciertos” lo llevan al origen, a su origen. ¿Cómo avanzar sin genealogía? ¿Cómo crecer sin raíces? De esta manera, Marcos Rossi navega por las puertas del cielo para dialogar con su madre y con su yo que alguna vez fue.

Marcos Rossi, como Dante, hace un viaje a las puertas del cielo acompañado de sus recuerdos, de su memoria y de su madre como una presencia tangible, como una vida que se volvió agua, que es el mar donde navega, y digo “navegar” como un equívoco, pues el marinero no tiene el control, lo que lo convierte más adelante en un náufrago.

Estamos ante un viaje dantesco, con dolor, secretos revelados, danza en una aparente soledad (no estoy seguro si toda la primera parte es un solo o un dueto, aunque solo veamos a un hombre en el escenario), transformación, crisis, goce, purificación.

En el escenario vemos a un hombre desnudo, regresando a su álbum fotográfico, dejándole cartas a su madre-agua, hablando italiano, un hombre en naufragio envuelto en arena, con los ojos tapados y andando a tientas, un hombre travestido, un hombre de danza, cuya vida es la danza, que es testigo del tiempo y del paso de éste sobre él.

Desafortunadamente, el sonido del teatro impidió que la recepción fuera óptima, pues había líneas que no se escuchaban o no se entendían. Por otro lado, siempre es muy estimulante mirar bailar a los maestros, sentir su ser escénico y atestiguar sus impulsos creativos.

Agradezco la sinceridad en escena de esta pieza multidisciplinaria con visuales y música en vivo (desafortunadamente no hubo programa de mano, ni impreso ni digital, para saber el equipo que participó), queda el telón sin cerrar hasta que miremos las piezas faltantes de esta travesía.

Fabián Guerrero

Editor y lector

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.