La fiesta del cuerpo: festival Morelos danza/II

Continúa el Festival Morelos Danza, esta oportuna y necesaria empresa de un grupo de personas que se empeñó en regresar la danza presencial al estado, no solo en la capital sino en otros municipios.

En su segundo día, salimos del teatro para ir a la explanada del Centro Cultural Teopanzolco,  una de las obras  arquitectónicas más premiadas a nivel  mundial en los últimos tiempos, diseñada por la dupla Isaac Broid + Productora. Un espacio verdaderamente maravilloso que se antoja para ser explotado en sus distintas áreas y que, suponemos, detona la imaginación de cualquier creador escénico, pues su amplitud y variedad de espacios invitan a ser tomados y transformados escénicamente.

Este centro cultural está construido junto (o encima) de la zona arqueológica de Teopanzolco (1200 a 1521 d.C.) y logra conjuntar el estilo moderno con la arquitectura de los primeros pobladores de la zona,  posiblemente los tlahuicas, y que después fue ocupado por los mexicas. Estos construyeron nuevos templos, palacios y casas habitación, entre los que sobresale un alto basamento, en cuya cima había templos de Tláloc y Huitzilopochtli.

Y justo esta pirámide fue el fondo de la batalla de hip hop que inició las actividades de ese día. Sí, una batalla de hip hop frente a la pirámide. Estábamos sentados en una construcción del siglo XXI, frente a una edificación que pudo haberse construido entre el siglo XIII y XV, viendo una danza urbana nacida en Estados Unidos, retomada y apropiada por jóvenes morelenses. Una mezcla muy representativa de la sociedad actual, de lo que somos como sociedad.

Teopanzolco. Foto: Jaime Navarro

La convocatoria reunió a 13 jóvenes morelenses de diversos municipios (Zacatepec, Xochitepec, Jojutla, Cuernavaca, Tlaquitenango) y una competidora colombiana, quienes se enfrentaron en la batalla (aunque hubo un par más que subió a bailar mientras el jurado deliberaba). Si bien la palabra “batalla” viene del latín battuere ‘batir’, ‘batirse’ y refiere a enfrentamientos bélicos, la verdad es que vimos todo menos eso.

El público en las gradas tenía ya sus favoritos y la conducción del evento fue elevando cada vez más los ánimos. Las batallas comenzaron mientras la tarde caía. Uno a uno se fueron enfrentando y el escenario cada vez se calentaba más. El público también. Apoyaban no sólo con el aplauso final, sino gritando, aplaudiendo según los movimientos y lances de las y los bailarines. Las batallas fueron mixtas, no hubo división por género, lo que nos permitió ver las potencias, las corporalidades enfrentadas y su duelo, batallas que en lo personal más disfruté. En general, cabe destacar el goce, el disfrute y la camaradería. Como mencioné anteriormente, la batalla derivó en encuentro, en celebración. Tan así, que daba la sensación de que si no fuera por las restricciones de movilidad y distancia, el público terminaría bailando también. Ahí por unos momentos se asomó la esencia de lo que es un festival: celebración, fiesta, encuentro, con un público participando, siendo parte del todo que es el acto escénico, eso que se pierde o cambia en los teatros con la inmovilidad y el silencio, sin demeritar ese espacio. Sin embargo, fue un acierto la programación de ese evento.

Una hora después inició en el Teatro Ocampo otra gala dancística con la participación de Danzaré, Ana Fernanda Schnabel García, Pro Ver, Proyecto Danzalina, Mónica Fernanda Domínguez Medina, Elena Díaz, Hit-it Studio, Barro Rojo y el Ballet Eloelle/Males on Pointe.

La programación equilibra proyectos consolidados con propuestas en formación. Se brinda la oportunidad a academias y bailarines y bailarinas jóvenes de pisar escenarios importantes, lo que sin duda aportará a su formación. Buena impresión dejó Pro Ver con bailarinas y bailarines que muestran una buena formación y capacidades. De fuera del estado llegó Proyecto Danzalina (Sinaloa) con un fragmento de Oda a las vocales, obra lúdica, algo dadaísta que explora los límites del lenguaje y el cruce fonético del cuerpo, fresca, y que dejó con la curiosidad de poder verla completa (ahí hay detalles que la organización tiene que cuidar para con los grupos de fuera del estado). También fue muy agradable ver la propuesta del Ballet Eloelle/Males on Pointe, que bailaron el 1er movimiento de Go for barroco de Les Ballets Trockadero de Monte Carlo, ballet travestido, irreverente, un antiballet que nos hizo terminar el día con una sonrisa en el rostro.

Así culminó este día que podría resumirse como una fiesta del cuerpo.

Fabián Guerrero

Editor y lector

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