Epigrama para Yoshito Ohno

Por Simone Mello

  1. Epigrama: ”Una carta a mi futuro yo'”

Entre los antiguos griegos, se llama epigrama a cualquier inscripción, en prosa o verso, colocado en monumentos, estatuas, monedas, etc., dedicado al recuerdo de un acontecimiento memorable, una vida ejemplar. Veamos las palabras del filósofo Friedrich Nietzsche en Aurora;

Todos estos pájaros atrevidos volando lejos, muy lejos —por supuesto! en algún lugar que ya no serán capaces de proceder y aterrizar en un mástil o arrecife— y todavía estarán agradecidos por este alojamiento miserable! Pero, ¿quién podría concluir que frente a ustedes ya no hay un inmenso camino libre, que voló tan lejos como sea posible para volar? Todos nuestros grandes maestros y precursores se detienen después de todo, y no es con el gesto más noble y elegante que la fatiga sostiene: ¡así que también estará conmigo y contigo! ¡Qué nos importa a ti y a mí! ¡Otros pájaros volarán adelante! (NIETZSCHE, 2004).

Sentimos con pesar la muerte del maestro Yoshito Ohno en enero 2020. Como aquellos que abrazan un ramo de flores, honramos a este bailarín-flor que deja el legado de sus enseñanzas de baile como aquellos que incitan procesos de iniciación que incluso si tarda, detona descubrimientos automáticos, reformulaciones, actualizaciones. ¿Qué pasa después de que alguien muere? Un nuevo devenir. A saber: danzar es resistir en un nuevo devenir. Para nosotros, artistas de danza que siguen el flujo de pensamiento de filósofos como Giorgio Agamben, vale la pena seguir el camino consciente de las resistencias, mientras persiguen los flujos de activación de fuerzas capaces de describir lo real, es decir, ser más fuertes que fatídicos con la realidad que nos abraza. Danza-unión-integración-comunión. Danzar los resplandores de Yoshito, en las numerosas reverberaciones de su experiencia y visión del mundo, puede ser el antídoto para la sensación de lo inefable. Lo que sería una entrada a la escena de las flores; pregunta y explica Yoshito:

Hay veces que necesitas entrar o salir de la escena de esta manera; como cuando las flores son sopladas por el viento.Vamos adentro.

A través de este escrito, que pretende revisitar mis recuerdos de la voz y el gesto del maestro, los invito al campo de batalla que llamamos danza. Este texto que tímidamente prefería descansar en los archivos, sale póstumamente a ”confabular” públicamente una experiencia de danza que desea convertirse en testimonio-memoria. Hablaremos aquí, evocando varias voces poderosas: como la del maestro que se desea honrar, tejiendo en relieve un zigzag de experiencias, impresiones e inquietudes de cuando regresé a Sao Paulo para asistir al laboratorio y presentación de Yoshito Ohno en julio de 2015.

En esa oportunidad, Yoshito floreció en sí mismo. Presentó: ”Una carta a mi futuro yo” (Flower and bird. A Letter to My Future Self). Su solo, no necesariamente una obra fácil de leer, reunió proyecciones de video de Eikoh Hosoe, “El Navel y La Bomba“, con Tatsumi Hijikata y resucitó la presencia de su padre, encarnado en su cuerpo, en un fragmento de “Divinarianes“, la escena inicial de “Admirando La Argentina” de Kazuo Ohno.[1] ¡Estábamos junto a Yoshito en su cumpleaños 77! Y yo no podria saber que esa sería la primera y única vez que estaría con él. Y que esta presentación sería la última celebrada en Brasil.

  • 2. Mirada Mestiza

Para acercarnos al butoh de Yoshito Ohno, propongo sumergirnos en la hipótesis poética del mestizage que Darcy Ribeiro (1922-1997), antropólogo brasileño supo revelar con sus ojos desnudos, un panorama que ya se percibía:

Casi nadie habría estado entre los brasileños que no eran mestizos. Los brasileños somos un pueblo mestizo en la carne y el espíritu, ya que aquí el mestizaje nunca ha sido un crimen o pecado. En ella nos hicieron y seguimos haciendo. Un pueblo, hasta el día de hoy, en el ser, en la difícil búsqueda de su destino. […] Estamos construyendo en la lucha por florecer mañana como una nueva civilización, raza mixta y tropical, orgullosa de sí misma. Más alegre, porque más sufrido. Mejor, porque incorpora más humanidades en sí misma. Más generoso, porque abierto a la convivencia con todas las razas y todas las razas y culturas (RIBEIRO, 2006, p. 410).

¿Qué describe el comienzo de un “mundo Butoh” visto desde el Atlántico? Tal vez nos ayude esta forma operativa de ver y vivir del pueblo brasileño, que casi siempre es inevitablemente atravesado por una mirada del mundo que permite que todo se estire, se misture. No hay duda de que no sólo se han transformado los artistas que de alguna manera tuvieron acceso a los maestros de este movimiento, sino que el propio Butoh, se ha estado actualizando a sí mismo en este “proceso evolutivo (caníbal) de información, en tránsito con Occidente” tal como lo atestigua la investigadora Christine Greiner (GREINER, 1998, p. 16). Nosotros, los artistas de América Latina, estamos abriendo los ojos de nuestros omóplatos tal como Yoshito enseñó:

Mirarte la espalda puede ser muy interesante. Al principio del butoh las danzas a menudo se presentaban de espaldas al público, y así llegaron a decir que butoh es un baile de la espalda. ¿Cómo puedes mostrar tu ira o tu alegría con la espalda? Envía mensajes desde tu espalda al mundo. Estoy llorando, enfadado, estoy bien. Si miramos una rosa, por todos los lados, es una rosa. De cualquier manera que mires, tu danza es tu rosa. La rosa no tiene frente ni detrás y tu baile tampoco tiene.

Tatsumi Hijikata y Kazuo Ohno, ambos maestros referentes de Yoshito Ohno, desde el principio trataron de experimentar con sus cuerpos cotidianos, procesos de transformación constantes, explorando el cuerpo “naru shintai“, provocando la explosión de las identidades de sus bailarines, poniéndolos delante de sus kan-tai – “posibles cuerpos” (PERETTA, 2013, p.11). Para aquellos que sólo podían acercarse eventualmente al maestro, puede ser difícil escapar de la inmediatez de tratar de relacionar a Yoshito con Kazuo, y pronto con Hijikata. Pero esa sería la mirada que ya se ha dado. ¿Cómo podemos aterrizar una mirada aguda y libre sobre la danza de Yoshito? Su presencia llega como una paráfrasis a Nietzsche, que ya en el prólogo de Aurora anuncia: “Nunca más escribir de forma que no conduzca a la desesperación de personas que se apresuran” (NIETZCHE, 2004, p.13). Junto con Yoshito probamos en la carne el espíritu del filósofo alemán que enseña: “Apártese, dese tiempo, quédese en silencio, ralentice” (NIETZCHE, 2004, p.14). Es como si Yoshito nos desafiara algo similar: nunca más danzar de manera que no condujera a los hombres apresurados al desespero. Después de todo, ¿cuál sería la vida si tuviéramos prisa en todo momento por vivir, sentir y explicar? ¿Qué será de nuestra danza si tenemos que bailar a toda prisa? ¡No hay respuestas automáticas, por favor! Yoshito inspira a todos a danzar. ¿Sus palabras al grupo?

Llevo una flor y la flor me mira y ya no es la vida cotidiana. La flor te está observando y creces hacia el sol y tus pies van hacia la oscuridad. Las flores caen del cielo. ¡Oh! Si buscas felicidad, ¡es bueno! Empecemos a practicar con las rosas. ¡Las flores serán los maestros! ¡Baila, baila con confianza!

Abrió el laboratorio ofreciendo un ramo de flores al grupo. Pasó por la boca de la escena del teatro, como comenzando sin comenzar, arrojó las flores al aire que se extendieron por el suelo, coloreando el espacio. Vestido de negro, como un pájaro negro, emanó luz y serenidad. También trajo una breve colección de imágenes, ideogramas, pinturas, que fue compartiendo durante las horas de trabajo. Dos montones de pañuelos de papel, una imagen de Buda, un paquete que envuelve una especie de seda, un reloj. Recordemos Deleuze y sus bloques de sensación que una obra de arte y sus objetos escénicos promueven. Y Tadashi Endo, que comúnmente en sus clases menciona el reloj derretido de Salvador Dalí, en la obra Persistencia de la Memoria y los cuerpos-cajones para guardar todo lo que no queremos olvidar, como en Venus de Milo o en El Contador Antropomórfico.

Al rebuscar entre los cajones de estas metáforas relacionadas, hay una relación que consiste en el hecho de que los lenguajes, medios, referencias, objetos estudiados no son tan extraños entre sí, teniendo a priori, conexiones elípticas en lo que significan. Así, mientras los elementos aparecen primero aislados, gradualmente y cuidadosamente pueden despertar palabras clave comunes, discursos y poéticas.

 Entre las lenguas y objetos, ajenos a nosotros, que aparentemente tenderían a excluirse, por el contrario, lo que vemos es una atracción en intenciones. Son lenguas y objetos predispuestos a la simpatía. El lenguaje del cuerpo que baila, bajo la sombra de este árbol (rizomático) que llamamos butoh, subvierte las fronteras culturales y temporales, celebrando el modelo de resistencia ético-estético-político.

Tratamos aquí de sugerir la navegación por líneas de escape, que buscan extender y conectar, y no sólo pegar y copiar formas. Así que el butoh-rizoma que parece escapar de nosotros, esconderse, confundir, sabotear un entendimiento definitivo y cerrado, lleva a quienes lo experimentan, no al camino correcto de definiciones y certezas, sino a las rutas de escape al intento totalizador, predecible y domesticable para tratar el cuerpo. Lo que se busca es experimentar contactos con raíces más subterráneas y flotantes en sus sentidos. Todo para probar en el cuerpo que danza otras direcciones y sentidos menos visitados. Son las líneas de multiplicidad abiertas a la intensidad, que comienzan a atraer a los artistas que entran en contacto con el butoh.

Aunque el butoh es conocido como la danza de la oscuridad, las tinieblas y la muerte; en la presencia del maestro Yoshito, sentimos el linaje de Kazuo Ohno y experimentamos cierta luminosidad. El mensaje de Yoshito es claro. Al final de cada danza del grupo dijo:

No importa dónde estés. Permanezcan en la luz, hagan su propio solo, cada uno es una obra de arte. Tu danza es una flor muy hermosa que nació de un rosal.

Yoshito le mostró al grupo una imagen de Tokio, afirmando que le parecía muy diferente la forma en que la gente se saluda en los diferentes espacios geográficos/culturales.

¡Vamos, saluda este espacio! Mira el mundo y danza el mundo. Vamos, cumple este espacio! Primero la mirada del pájaro. Pájaro buscando notar las flores en el campo.

Echemos un vistazo de cerca a Flower-Cuerpo-Yoshito mientras danza en el campo de su propia batalla. ¿Puede una danza dejar algo cuando termina? ¡En el eco primordial del butoh, un bailarín se niega a alimentarse de la cultura dominante áspera y deja escapar su gesto! Y este escapismo dulce y rebelde que sabe volar en el CuerpoPájaro-Yoshito es siempre cuestión, que celebra conversaciones fabulosas, lo que nos permite olfatear nuevas sensaciones en vuelos inéditos. Nuestros ojos hambrientos, que observan los cuerpos variados que se mueven en el laboratorio, tratan de practicar las enseñanzas del maestro que dice:

Trate de probar una mirada de insecto. ¿Cómo pueden ver y danzar con los ojos de un pájaro o con un insecto? Mirando a su yo interior y pensando como “el pensador” de Rodin. Pensando en ti mismo, volviéndose para dentro de ti. Entrenamos esta mirada en nuestra vida diaria y la ponemos en el escenario! ¿Qué es el escenario? Hoy los niños no miran más allá. Sólo miran de cerca (jugando con sus teléfonos celulares). Encuentra el escenario y míralo y mira hacia otro lado también. Para que el espacio se haga mucho más amplio, busque esta expansión.

Había 43 flores en el escenario del Teatro Anchieta, dirigidas a cada uno de los participantes, quienes se fueron llevando una flor en la mano (o en su mochila). Un mensaje de paz dirigido desde la danza-semilla de Yoshito:

Agradezca al espacio! ¡Dancen al espacio! Cada uno está haciendo su propia danza a su manera. Dance en el espacio más pequeño posible. ¡Yo puedo danzar en cualquier espacio! Comience con este boceto: ¡Buda tiene un secreto! Este Buda tiene el espacio de una hoja de papel entre sus manos. ¡Dance libremente! Dance en este espacio de la hoja, entre las manos de Buda. Dentro de cada uno de nosotros, una flor. Experimente construir la flor que te gusta con tu pañuelo ¡ Los amo! La danza de cada uno fue muy hermosa. Hasta mañana.

Salimos del encuentro con la rosa regalada por Yoshito, en el corazón. Con la memória viva, nos fuimos, en el mejor sentido, perturbados, como alguien que sale a respirar y luego se refresca con la brisa.

En la brisa del río,

un grupo de sauces;

Nace la primavera

(Sôcho)

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  • 3. Epitáfio “Setsu-getsu-ka

Yoshito trata su danza como un experimento de la vida, no de la muerte. La nieve, la luna y las flores son temas que representan la sensibilidad japonesa de una manera simple y resumida, basada en una observación de las estaciones cambiantes. La nieve alcanza unos pocos metros de altura para desaparecer con el paso del tiempo y convertirse en vapor y volver al cielo. La luna, en sus etapas, pasa de llena a menguante y desaparece gradualmente. La flor de cerezo, se desvanece en contacto con el viento… Danza-Rosa-Rizomática de Yoshito que discurre acerca de las formas de entrar y salir de la escena desde su sensibilidad poética y pictórica.

Yoshito presenta al grupo el tríptico de Sakai Hoitsu (1761-1828), pintor, poeta y erudito de la escuela Rinpa (estilo de arte decorativo y plástico): “Nieve, luna y flor“, una obra de 1820 del periodo Edo, la cual se ha convertido en un tema que a menudo aparece como decoración en cajas japonesas y en los espejos tradicionales. Él dice que en Japón es común encontrar estos tres “eventos-objetos” reunidos, como por ejemplo, en los restaurantes japoneses que llevan el nombre “Setsu-getsu-ka“. Yoshito explica que para Kazuo Ohno, el ojo y la flor estaban unidos y comenta:

Ohno, que danzó tanto y desapareció… en una mañana, como la nieve. Ohno murió y desapareció. Esta es nuestra forma japonesa de sentir la muerte.

El maestro susurra bajito, exclamando: “…Ah, la luna nació…” y todos comienzan a danzar tomados de las manos, y componen una gran luna llena, que se puede ver claramente desde la audiencia del teatro. Suena “Sonata a la luz de la luna” de Beethoven: ¿Y si todos probáramos tomarnos de las manos formando una luna llena? Pregunta como quien sugiere: pide que todos los que forman el círculo, se expresen conscientemente de las personas a su lado. Pregunta al grupo acerca de la impresión de los brasileros sobre las noches de luna llena y luego les pide a todos que bailen las diferentes fases de la luna: primero llena y menguante, desapareciendo, diciendo adiós, volviéndose más y más pequeña y luego comenzando a crecer nuevamente hasta que vuelva a ser grande.

  • 4. Presencia “Sakura

Nuestra mirada puede estar en cualquier parte del cuerpo y debemos abrir los ojos del cuerpo: en la punta de los dedos, en la planta del pie y en la espalda. Danzamos como nieve o como pétalos de flores cayendo del árbol en el soplo de viento. Miramos a las flores y hablamos, no te vayas, no desaparezcas, ¡vuelve Sakura ! El alma sigue adelante y los pies continúan. ¿Cómo sabían mis pies esa dirección? ¿La música viene a través de tus pies y por dónde se va? No viene de la caja de sonido, viene del acto de caminar que es la vida misma. Kazuo dijo que el alma danza al frente y sus pies siguen.

Yoshito propone una doble acción: dos cuerpos deben empujarse entre sí (con un pie hacia atrás) y luego separarse abruptamente. Dos cuerpos deben tirarse el uno del otro y luego separarse nuevamente.

“Ahora trata de hacer esto solo: bailen entre estas dos fuerzas que están dentro de ustedes, estas dos energías. El grande y el pequeño. La gran fuerza y la pequeña fuerza, son algo que no cambia, dondequiera, la gente entiende estas fuerzas”.

Comenta que Pina Baush habló de un sentimiento de ”presencia”. Cuando observamos a Yoshito, se hace posible comprender mejor el sentido de presencia, que de hecho es transitorio como las flores de cerezo. El hermoso y volátil “sakura se asocia generalmente con la muerte y con la aceptación del destino. Durante la guerra, la primera unidad “kamikaze” se llamó “Yamazakura (sakuras salvajes), simbología que trató de animar al pueblo japonés con la idea de que las almas de los guerreros muertos en la batalla, reencarnarían como la flor de cerezo. Cito a Nietzsche de nuevo: “El que quiere aprender a volar un día, primero debe aprender a pararse, caminar, correr, subir y bailar; nadie puede volar con sólo aprender vuelo“. Y volver a evocar las palabras de nuestro maestro-bailarín:

Es necesario estudiar la postura de quedar de pie ¡En el escenario hay que enfatizar la presencia! ¡A través de la danza te vuelves más fuerte! Practiquemos una vez más, ‘’torcer’’ tu tristeza o tu alegría. Tienes que ser fuerte como las flores cuando son pisoteadas. La flor no puede soportar y termina doblándose, pero cuando las personas que las pisan se van, ella, la flor, puede volver a ponerse de pie, elevarse. Si vas a hacer algo, intenta hacerlo desde su amago. ¡Conviértete en una persona que tiene un núcleo, así los japoneses enseñan a sus hijos a ser una persona que tiene un centro fuerte!.

Y compartió desde sus íntimos recuerdos un poco de su infancia. El recuerdo de ver a su madre retorciendo las ropas al lavarlas. Y los días que estas torsiones fueron acompañadas de lágrimas. Recuerda a su madre tratando de ocultar sus lágrimas. Explicó que muchas personas y niños en Japón no pueden acostumbrarse a la vida cotidiana y, por lo tanto, se quiebran. En ese momento, el maestro entrega al grupo pequeños pañuelos y pide que intenten torcer los pañuelos y luego sus cuerpos.

¿Cómo podemos hablar con estas personas? Empecemos por escuchar el corazón de la tierra, donde has crecido. Donde creciste es tu tierra natal. Frente al público, de pie, atento a los dedos de los pies y manos. Estos extremos viven como antenas hacia afuera y hacia dentro, recibiendo información. ¡No tienes que esforzarte demasiado!

Yoshito habló de la impresión única de liberación, que la presencia de los brasileños le causó. Un contraste con los japoneses, quienes parecen morder un pañuelo con la boca, símbolo de algo que no quieren hablar directamente. Él reflexionó que quizás lo interesante de la danza es esta posibilidad de algo que no te hablará directamente sobre nada; protegiendo el cuerpo erótico, el cuerpo obvio, dejándolo más sensual, más deseable. Dice que en su cultura no es costumbre exponer las partes internas del cuerpo, como el interior de nuestros brazos, sino que debemos estirar los dedos y las manos. También se refirió a tratar de encoger las manos, como hacen las mujeres japonesas.

Me preguntaron una vez: de dónde viene mi mano de bailarín. Aparecen así, del sentimiento: ¡Feliz! Baile de las manos que hacen muchas cosas. ¡Toca las cosas demasiado lejos!

Entonces, Yoshito confiesa que a lo largo de su vida luchó con la rigidez de su propio ser. Comenta que trabajó en una fábrica donde tenía que manipular el hierro.

Todos experimentamos y luchamos con la rigidez de las cosas en la vida cotidiana. Pero, ¿cómo podemos usar esta experiencia de nuestra propia rigidez para bailar?.

Pide al grupo que observe la rigidez en dos situaciones distintas: primero poniéndose en acción del que empuja y busca evitar la torsión que el otro cuerpo intenta realizar. Y después experimentando tomar el lugar de quien retuerce su propio cuerpo.

 No es necesario que cuando la música es fuerte tú también lo seas. Puedes danzar pianissimo cuando la música es fuerte. Entrenemos nuestro movimiento fuerte – pianissimo; intentemos danzar entre los dos. Torciendo la toalla, como para exprimir la última gota de vida.

Luego les entregó pedazos de seda y les pidió que comenzaran a danzar de nuevo: ¡“Soy fuerte”! Dureza y flexibilidad dentro de ti y dentro de tu danza. En seguida ofreció al grupo un ramo de rosas, de varios colores y dijo:

Las rosas tienen raíces muy fuertes, hacia abajo y crecen hacia el sol, así que, si pensamos que la danza es hacia abajo, por lo profundo, también vamos hacia arriba, más y más lejos, entonces podemos danzar en un espacio alcanzando dimensiones.

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  • 5. Elegías de una danza ficticia

De origen greco-latino las elegias se entienden en el contexto de las ceremonias fúnebres, donde las palabras de los poetas simbolizan el último homenaje a una celebridad. No haremos de los maestros héroes, sino que consideremos pensar y despertar a través de la experiencia encarnada en ellos, un nuevo ‘butoh errante”. Expuestos a estos contagios, que buscan rescatar las posibles corrientes de impulso creativo en nuestros cuerpos; durante estos breves encuentros, aunque vivamos esta experiencia como una medicina, la práctica de la danza no dejará de operar en nuestras vidas, como una estrategia de supervivencia, que ayuda a resistir a los tiempos oscuros. El hecho es que estos contactos con los maestros y discípulos, revitalizan pozos de deseos, aunque sean soberanamente transitorios.

¡El encuentro con un maestro produce el deseo reactivado en nosotros! Y no procesaremos y conservaremos la información que llegue, sin transformarnos. No estamos en el mundo flotante, nos convertimos en seres más plenos, encarnando, contemplando y masticando todo lo que alimenta nuestra visión y convirtiéndonos en bailarines del universo.

La escena es una ficción, dice Yoshito, ¡pero muy cercana a la realidad! Quizás sean, el escenario y el cuerpo que danza, el lienzo, que primero aparece blanco, adherente, penetrable, del que se puede intentar aprovechar, hacer de todo, para que el nuevo ser pueda tomar forma. ¡Viva el devenir Kazuo Ohno! Viva el butoh-Yoshito que se convierte en pétalos caídos, a inspirar la potencia de la flor muerta.

Buscamos por estas líneas de escritura, auténticos caminos de contagio con el mundo, con el lenguaje del otro, en un devenir-pájaro, en un devenir colectivo con la luna llena. Despertándonos más aptos para movilizar intercambios efectivos con el universo real que nos abraza. Para bailar será necesario seguir probando los límites de nuestro lienzo blanco, de seda y papel. Danzar entre rigidez y flexibilidad. Si el maestro Kazuo Ohno fue capaz de sumergirse en la corriente de la “danza de la muerte” de Hijikata, también supo revertir el flujo de estas emociones y emanaciones oscuras en corrientes de vitalidad y luz, que hemos probado junto a la danza de Yoshito Ohno.

A través de estos encuentros con los maestros del butoh, se forman las redes de resistencia. Son como las Nubes-Sakuras, enseñanzas del pasajero, cargadas de lluvia histórica. También es importante celebrar las reuniones como fiestas. Yoshito nos habla de una presencia de vida, una luz, porque a pesar de todo este horror contemporáneo que persiste en los campos de batalla, también hay alegría: ¡Feliiiiiiiiiiiiz! Repítelo una y otra vez. Y son estas las microacciones del combate puntual que nos enseña un artista como Yoshito. Los bailarines latinos, de los trópicos, donde no conocemos la nieve, sólo podemos imaginar a los paisajes que el maestro evoca de su tierra de origen, cuando nos invita a demostrar por medio del cuerpo que danza: el entrar y salir de la escena; casi sin salir;

Simplemente suavemente menguando como la luna. Danza como un niño que ve la nieve y se va a dormir y cuando se despierta: Oh!… ¿Adónde fue la nieve?.

¿Adónde fue la vida? ¿Y el baile de la muerte cuando ella misma llegó, y se llevó con ella a nuestros bailarines preferidos? ¿Adónde va la flor cuando marchita? ¿Y el pájaro cuando se pierde en las nubes?

  • 6. Epigrafía

Esta escritura desea inscribirse en la lápida del maestro butoh. Yoshito-Kazuo emerge en una metamorfosis desde nuestra memoria. Su aparición en el escenario imita la blancura de la nieve, en sus semitonos cuando apenas podemos percibir los pliegues. Blanco sobre blanco, constelando los recuerdos y vidas de aquellos que tuvieron contacto con ellos.

¿Y si nos preguntamos qué es fundamental en este encuentro? Tal vez el entendimiento deleuzeano que considera que todos los pliegues son igualmente importantes. No hay jerarquía entre ellos. Cada pliegue hace su parte: cada pliegue se ensancha. El pliegue es el evento, la bifurcación que hace que la línea surja en una nueva singularidad, que describe el comienzo de un mundo aún no investigado. Para nosotros, que nos ampliamos y nos inclinamos en este encuentro con Yoshito, sentimos el mundo butoh, visto desde el Atlántico tocando nuestra piel. Porque en el redil del eco de Deleuze resuena lo siguiente: “Siempre hay un pliegue en el pliegue, así como una cueva” (DELEUZE, 2007).

Volvemos a la cueva del cuerpo de Yoshito y presenciamos a un hombre que prueba metamorfosearse en un rayo, en trueno, rompiendo la oscuridad. Somos alentados a dejar de lado aspectos que insisten en la preocupación de clasificar o explicar el butoh. El maestro continúa disparando nuestra atención de nuevo, dentro y fuera de cada uno. Su gesto que va al mismo tiempo a lo más y más lejos, proyectándonos a extremos o buceando más cerca de los más íntimo de nosotros. El que se estiró ante nosotros unas cuantas veces, hacia arriba, levantando los brazos y con las yemas de los dedos, como si deseara agarrar el techo del teatro y luego la luna. El maestro del butoh, animó al grupo a que intentara lo mismo. Era su cumpleaños e hizo el baile de luna llena:

Bailemos hasta la luna llena. Luna, lunático. ¡Dentro y fuera!.

Así que preguntó por un día de luna llena en Brasil y habló sobre los rayos de luz.

En una mano el sol y en la otra la luna llena.

Continuó exponiendo su punto de vista acerca de la danza como una experiencia y recordó el comienzo del butoh con Hijikata que también se refirió a la experiencia. Adentró por asuntos más oscuros: las guerras de antes y del presente, sacando a colación la imagen de los cadáveres en los campos de guerra. Se abrió en un momento más íntimo y nos contó que durante ocho años, su padre pasó a luchar durante la II Guerra Mundial[2] y que sólo tenía nueve años cuando Ohno regresó a casa. Llamó la atención sobre la dura vida que también vivió Hijikata y todo el pueblo japonés en general durante los años de la guerra, seguido por la explosión de las dos bombas nucleares y la derrota de Japón. Y cuando su país llegó a ser ocupado por los Estados Unidos. Pero reanudó la poesía con el ejemplo de los periodistas que buscaban la mejor foto en los campos de la muerte. De pronto, empezó a hablar de música, ensalzando su importancia.

Escucha la música y el baile: ¡Flores brotando en medio de la guerra! Los niños de la guerra, los niños ocultos jugando entre los restos de la guerra. Vamos tras esta flor en la noche de luna llena. Flor de tristeza andante. Flores caminando en un estado de profunda desesperanza.

Si retomamos la idea sugerida por Yoshito, de la danza como experiencia, y si seguimos el sesgo del pensamiento de Michel Foucault, tomaremos medidas que buscan el desarrollo de una experiencia ética que corresponde a la elaboración de estrategias de combate que están comprometidas con el momento de transformación. Si asociamos la danza como experiencias de resistencia, eventos del aquí y ahora, vividos según un cuerpo, con un instante que está escrito en el mismo sin que tengamos conocimiento, necesariamente de inmediato podremos, así como señala Foucault, concluir que el “decir no constituye la forma mínima de la resistencia” (FOUCAULT, 2004, p. 268). Y por lo tanto, la ética de la resistencia implica la necesidad de experimentar e innovar en las formas de vida para que abran un nuevo campo de relaciones. A partir de este breve contacto con Yoshito, cada uno sigue su trayectoria consciente de que no actuamos en un espacio vacío, sino más bien, remodelando un campo de experiencias históricas y biográficas, relacionadas con instancias en microresistencias.

Recuerdo los escritos de Michiko Okano (en MELLO, 2013) sobre la experiencia que Yoshito vivió mientras visitaba un orquídario nipo-brasileño en busca de orquídeas que consumían muchos años de cuidado diario para hacer nacer una primera flor. Antes de terminar el laboratorio, Yoshito planteó al grupo una pregunta: si entrenamos como la flor durante años, ¿nuestro cuerpo sabrá cómo capturar sus cualidades? También mostró el diseño de la gran ola y habló de la perseverancia para reconstruir el postsunami japonés del noreste.

Retomando al principio del laboratorio, recordamos lo que el maestro dijo: que toda la propuesta que haría en el laboratorio se sostenía en la idea de reflexionar sobre la permanencia. Él describió la despedida de Kazuo como la nieve. Aunque cubierto de niebla, ¡el gran Moon-Yoshito todavía se ilumina en el cielo!

 Si la presencia en el aquí y ahora parte de la certeza de la impermanencia y la partida, considero que es a través de estos intercambios furtivos con los maestros, que seguiremos cruzando las fronteras que nos permiten experimentar una visión más plural de la danza que hacemos y que estamos acostumbrados a ver en Occidente. Poco a poco nos estamos acercando a una perspectiva caleidoscópica del butoh. Sin embargo, mientras perseveremos en nuestros bailes: ¡Ohno, padre e hijo, permanecerán floreciendo en nuevas metamorfosis entre las sombras a la luz !

Yo pienso: las flores caídas

Regresan a sus ramas,

Pero no. Son mariposas.

(Arakida Moritake. 1472 – 1549)

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Foto por Roberta Rox. Roberta tomó la flor que recibió de Yoshito, para viajar con ella, por el
Valle Sagrado de Cusco, días después del laboratorio (en SESC Anchieta, São Paulo – Brasil, 2015).

                                     

Referencias

DELEUZE, Gilles. As dobras: Leibniz e o Barroco. Campinas, SP: Papirus, 1a Edición, 2007.

GREINER, Christine. Butoh: pensamento em evolução. São Paulo: Escrituras, 1998.

NIETZSCHE, Friedrich . Aurora: reflexões sobre os pensamentos morais. Trad. Paulo César Souza. São Paulo: Companhia das Letras, 2004.

RIBEIRO, Darcy. O povo brasileiro. São Paulo: Companhia das Letras, 2006.

FOUCAULT, Michel. Michel Foucault, uma entrevista: sexo, poder e política da identidade. Tradução de Wanderson Flor do Nascimento. Revista Verve, vol. 5, pp. 260-277, 2004.

PERETTA, Éden. Potências da Carne, Poesias do Corpo. ETD. Educação Temática Digital. Campinas, São Paulo,v.15 n.3 p.507-522, set./dez.2013.

MELLO. Simone.Flutuações do butoh no corpo do artista que dança. Poéticas da Mestiçagem. Programa de Pós-Graduação em Dança, da Universidade Federal da Bahia (UFBA), Salvador, 2013. (Dissertação de Mestrado em Dança).

NUNES. Roberson. Haikai e Performance: Imagem Poética.Programa de Pós-Graduação em Letras, Faculdade de Letras da Universidade Federal de Minas Gerais (UFMG), Belo Horizonte, 2011.(Tese de Doutorado em Letras).

Simone Mello / 1972 (Santos/Brasil)

Bailarina y Directora del Cuerpo Fluctuante de Cusco (Laboratorios Creativos para la Investigación de la Danza y Butoh).

Con Maestría en Danza por Universidad Federal de BahíaBrasil (2013), disertación “Fluctuaciones del Butoh en el Cuerpo del Artista que Danza. Poéticas del Mestizaje”. Con Especialización en Estudios Contemporáneos del Cuerpo – Programa de Post Grado en Danza (UFBA) Bahía-Brasil, 2007. Con Licenciatura en Danza por la Universidad Paulista de Artes (São Paulo-Brasil-1996). Creadora y directora del ”I y II Encuentro Internacional de Danza Infinita y Residencia Fluctuaciones del Butoh”, en Cusco 2015/16. Equipo directivo del I y II Festival Cuerpo a Cuerpo (Cusco 2019/21). Tiene artículos publicados en las revistas acadêmicas de Brasil, Urdimento (UDESC) y Ephemera (UFOP) y en el Guía de Arte de Lima, en Revista INFOARTES de Perú, en Luli – Papeles en Movimiento de Bolivia y Revista Fluir de México.

Traducción y Revisión: Daniel Segovia (Lima/Peru).

Promotor cultural. Licenciado en Administración en Turismo y especialización en Formulación de Proyectos Culturales. Estudios de Maestría en Gestión Cultural, Patrimonio y Turismo. Docente del programa de Gestión Cultural de la Asociación Museo de Arte de Lima en los cursos de Gestión en Turismo Cultural; Comunicación y Marketing Cultural; y Cultura Digital y Nuevos Medio.


[1] Kazuo Ohno, Hakodate 27 de octubre de 1906 – Yokohama, 1 de junio de 2010.

[2] En 1938, Kazuo fue convocado al ejército japonés, luchando en China y Nueva Guinea. Comenzó como teniente y pasó a coronel, siendo capturado y encarcelado por los australianos como prisionero de guerra. Regresó a Japón en 1946.

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