Una escena vibrante: Morelos Danza / 1

Más de un año de pandemia y encierro, teatros cerrados, movilidad al mínimo, contacto físico reducido, crisis económica, apoyos a la cultura más limitados que nunca, incertidumbre generalizada, temor de salir… entre otras cosas ha sido el panorama en los últimos meses.

A pesar de ello, afortunadamente, el arte y la cultura no se detuvieron. En este largo encierro siempre estuvieron ahí para acompañarnos, activarnos, darnos luz, color, esperanza… desde luego, la danza no fue la excepción. La comunidad dancística se volcó a ofrecer clases, talleres, funciones en línea, videodanzas, conversatorios y demás, mostrándonos su capacidad de adaptación, su fuerza, su vitalidad y el amor profundo a su oficio y su pasión.

En estos empeños, hay quienes trabajaron por meses, en silencio, con la esperanza siempre de que esta pandemia finalizara. También desde el amor a la danza, se dedicaron a dar forma y continuidad a un festival, buscar recursos, conseguir espacios y todo lo necesario para sacar adelante un proyecto de esta magnitud. Siempre con la incertidumbre a cuestas, el no saber qué pasará, no sólo decidieron llevar adelante el proyecto, sino hacerlo más grande. Mucho arrojo, mucho valor en esta empresa que el día de ayer dio su primer fruto.

El Festival Morelos Danza subió el telón para su gala de inauguración. Como festival comenzó en 2018, pero tiene 20 años celebrando cada año el Día de la danza con funciones, actividades y demás. El punto de arranque fue el emblemático (y renovado) Teatro Ocampo de la ciudad de Cuernavaca.

Antes de iniciar la función, tras bambalinas, se podía sentir la emoción, los nervios. Por fin la danza se daría ante público, en un teatro.

Para inaugurar, todo el equipo en proscenio, encabezados por sus directoras Luisa Leyba y Delia Siqueiros, quienes agradecieron a quienes hicieron posible el festival, mismo que está centrado en el talento morelense. Los participantes, dijeron, “representan el empuje que viene dando Morelos en la danza”. Y para terminar su participación leyeron:

El mundo estuvo paralizado.

El distanciamiento llegó a lo más profundo y ahí, en el fondo del aislamiento, renovamos nuestro entusiasmo y compromiso con el arte.

Así, el Festival Morelos Danza llega en abril para mover al Estado completo y reconectar los lazos comunitarios a través de la danza.

Después de la quietud: ¡hagamos movimiento, hagamos danza!

El programa estuvo compuesto por un video de la bailarina Elena de Vathaire (morelense residente en Francia), Nostalgia prematura, videodanza de José Martínez (alumno de la EPDM), y en el escenario La danza es mi lenguaje de Irving Martínez Morales, Antípoda entre quimeras, de Regina Ortiz y Miguel Ramírez; Maya Malinali Reyes Pacheco, con la variación del ballet Bluebeard y Rodrigo de la Cruz Abúndez que presentó Construyendo algo que se borra. Y para concluir, la compañía Nacional de Danza presentó La muerte del cisne, interpretada por Isabel García y el Acto III de La bella durmiente del bosque, dueto de Valeria Mariaud y Moisés Carrada.

En camerinos tuvimos la oportunidad de platicar con Rodrigo de la Cruz (Malitzi Arte Escénico), José Martínez (EPDM), Regina Ortiz y Miguel Ramírez (La silla de Daniela).

En general nos contaron de la relevancia de este festival único por su formato, pues se lleva a varios municipios del estado, además de la apertura en la programación a distintas propuestas, tanto consolidadas como de reciente creación, así como la oportunidad de abrir grandes espacios como el Teatro Ocampo (al cual es complicado acceder en otras circunstancias) a las compañías seleccionadas. También la proyección que el mismo festival ofrece, fuera del estado también, pues el alcance de éste ha crecido con el tiempo.

Los entrevistados coinciden en la creciente actividad dancística en el estado, la multiplicación de compañías y propuestas, impulsadas en un inicio por el Centro Morelense de las Artes y de la Universidad, que dan la formación a nivel licenciatura, pero también de la salida de artistas a otras zonas del país y su regreso para enriquecer la escena local. También existen proyectos independientes (Malitzi, en Cuautla; Fóramen, en Cuernavaca) que ofrecen formación e intercambio  y academias particulares como Vista Hermosa. Eso se refleja en creación de colectivos y una escena cercana donde bailarinas, bailarines conviven y comparten proyectos, así como compañías y colectivos que se conocen de tiempo atrás y comparten invitaciones y espacios.

La contraparte es que dicho crecimiento no ha ido acompañado por lo institucional y lo presupuestal. Existen pocos apoyos y espacios, por lo que la comunidad ha ido generando los propios, y como en todo el país, autogestionando su quehacer.

En escena vimos propuestas muy breves, pero que permitieron ver la fuerza de los bailarines, las búsquedas personales. Destaco el unipersonal improvisado de Rodrigo de la Cruz con una notable fuerza interpretativa, un lenguaje amplio y claridad de discurso. También La silla de Daniela, cuyo dueto también deja con curiosidad y ganas de conocer a profundidad la propuesta. Y, al final, de eso se trata una gala: dar una pequeña muestra de la escena y dejarnos con ganas de ver más. Eso se cumplió y nos dejó ver una creciente escena morelense que iremos descubriendo conforme avance el festival.

Al final, un conversatorio muy emotivo y entrañable que destacó el amor a la danza como punto de partida para llegar al público, el apoyo de la familia para el desarrollo artístico y el dejar de lado la idea de sacrificio en el quehacer del creador del cuerpo.

Así, el primer día del Festival Morelos Danza llegó a su fin como tiene que ser, con aplausos de un público que rompió su cuarentena para llenar las butacas disponibles en plena pandemia.

Para mayor información www.morelosdanza.com

Un video de la presentación:

https://www.facebook.com/FluirDanza/videos/971374320291390

Fabián Guerrero

Editor y lector

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