Mucha mierda

Ciudad de México a 1 de marzo de 2021.

Mucha mierda, ADM.

Hace unas semanas un grupo de VALIENTES alumnas destapó una coladera, y la “mucha mierda” que siempre ha existido en la Academia de la Danza Mexicana (ADM) rebasó las paredes amarillas de Xicontencatl #24. Ahora bien, más allá de darle like  a los “periodicazos” que hablan del acoso y hostigamiento sexual hacia las mujeres (situación que todos los que conformamos la comunidad ADM sabíamos y callábamos), no podemos perder de vista que lo importante y extraordinario de este hecho, es que por fin alguien(es) se armaron de agallas, valor y ovarios para exponer, visibilizar y decir ¡basta! a “ciertas” conductas de profesores; y entre comillas  “ciertas” porque la violencia en la ADM no sólo ha sido sexual, sino también psicológica, física, emocional, académica, política, laboral y administrativa por parte de la Red de Compadrazgo que gobierna y toma las decisiones en la escuelita. Gracias a las Mujeres Organizadas ADM (@MOADM) y la comunidad estudiantil, hoy ya tiene precio su cabeza.

No olvidemos que la historia de nuestra escuelita es una espiral cíclica en donde hay procesos que guardan cierta coherencia lógica, patética y patológica. En 1948, Guillermina Bravo, Josefina Lavalle, Amalia Hernández, Evelia Beristáin y otras mujeres fueron señaladas y acusadas de comunistas y, con ello, removidas de sus cargos como maestras y directivas de la ADM por Carlos Chávez entonces director del INBA. Gracias a esta situación y a otros factores, estas mujeres se generaron el espacio/tiempo/cuerpo/movimiento y crearon su propia institución: Ballet Nacional de México.

Archivo INAH

La Bruja y Chepina junto con otras mujeres  fueron sacadas por la puerta de atrás de la danza institucional por sus ideales estéticos y políticos; mismos ideales por los que fueron laureadas y premiadas por el INBA que las señaló y satanizó cuando no tenían más de 24 años. Al día de hoy, la Bruja sigue siendo la máxima producción coreográfica del país; mientras que Chepina es la mayor producción intelectual acerca de los procesos educativos en la danza y a su vez fue la encargada de acuñar el concepto de bailarín integral, columna vertebral ontológica y epistemológica de la ADM.

En este sentido, me llena de orgullo saber que otra vez son las mujeres las encargadas de tomar la batuta en la construcción de los procesos históricos de la ADM. Si hace 70 años fue el comunismo el motivo de cambios en la institución, hoy es la bandera feminista que enarbola la valentía, astucia y creatividad con la cual las mujeres están llevando a cabo esta revolución. Haciendo justicia a su linaje materno dancístico, son las nietas de la Bruja y de Chepina quienes se encargaran de romper todo para construir algo mejor.

Serán el ejemplo para que este ejercicio coreográfico “de poner las cosas en su justo lugar” se replique en otras escuelas en donde ya hubo llamaradas, pero no el incendio que se avecina en la ADM. Irónicamente la sana distancia ha permitido que la organización estudiantil llegue a niveles insospechables para los testigos que seguimos de cerca este movimiento. Si bien es cierto que ya existían antecedentes de denuncias por acoso sexual y otras varias tipificaciones de violencia, habían sido casos aislados, esfuerzos individuales a los que hicieron caso omiso o, en su defecto, fueron perseguidos políticamente por parte de la red de compadrazgo antes mencionada.

En este preciso instante, los pasillos y salones de la escuela donde los compadres de la ADM se encontraban a los alumnxs para acosar, intimidar, amenazar, condicionar, chantajear y humillar se han convertido en redes de apoyo y comunicación en donde  ha caído el veinte del “no sólo me paso a mí”. Parece ser que la sana distancia fue el contexto idóneo para romper el sectarismo dancístico que hacía que el único espacio en donde confluyeran las cuatro licenciaturas armónicamente fuese el puesto de tamales de Irineo. Ahora ya no importa de qué generación y licenciatura eres o fuiste, hoy todos somos compañeros y nos estamos cuidando.

Cuando me pregunten dónde estudié diré con mucho orgullo: Yo estudié en la escuela de danza del INBA donde los alumnxs corrieron a sus profesores, donde los alumnxs se empezaron a dar clase entre ellos porque cayeron en cuenta que el peligro estaba más cerca de lo que creían, donde los alumnxs hicieron otra realidad posible. Y que además le demostraron a la vieja escuela, que esta generación de cristal es capaz de cortar con todo lo miserable que venimos arrastrando desde tiempos inmemoriales.

La ADM nuevamente toma su papel de prima ballerina en el escenario de la danza mexicana por su implosión y reacción ante conflictos internos. El sueño de muchos de mis maestros de volverse famosos y ser alguien importante para el gremio se ha hecho realidad gracias a ellos mismos. Pues son ellos y solo ellos los responsables del “dar de que hablar” de su modus operandi. Por ejemplo, el maestro Viko Hernández quien ha demostrado una vez más por qué es el Cruz Azul de la danza contemporánea con los nueve autogolazos que hasta el momento se han hecho públicos y los que faltan. Pues si esto se lleva a las últimas consecuencias, sería espectacular romper con el síndrome amnésico de la memoria que los mexicanos presentamos cuando se trata de hablar de víctimas, pero aún más de los victimarios. ¿Te imaginas que la ley que castigue la violencia sexual en las escuelas del INBA lleve el nombre de tan pelicular personaje?

En este sentido debemos agradecer, reconocer y valorar la labor de las Mujeres Organizadas ADM pues ellas son la chispa que han permitido vislumbrar la oscuridad en las mecánicas, prácticas, hábitos y discursos que fundamentan gran parte de nuestras relaciones dancísticas.

¿Por qué echar mano de la memoria y el cuerpo, de los cuerpos que fueron enterrados en el silencio?

¿Por qué es importante hoy más que nunca hablar como no se habló en su momento de la muerte de Tobías Esteban León, de la situación del niño que violaron en los baños, de los casos de anorexia y bulimia en alumnxs (detonados por comentarios de los maestros), de la represión creativa y el celo artístico que limitan los procesos formativos de los alumnos fuera de escuela, del entorpecimiento de procesos de titulación para egresados, del condicionamiento y amenazas ruines por horas y contratos para los otros maestrxs, de las lesiones de alumnxs provocadas por ineptitud y mediocridad de ciertos docentes u omisión de las condiciones mínimas para practicar la danza dignamente dentro de la institución, de las aspiraciones frustradas para convertirse en bailarín bajo el yugo del “bailar cueste lo cueste” y del daño emocional con que muchas personas decimos “no quiero saber nunca más de esa escuela”.

¿Por qué los bailarines reconocemos la mucha mierda en la danza sólo antes de salir a función?

Att.

@Paraisopiel

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