Aún con la lesión… quiero seguir bailando

Por: Itzel Esmeralda del Solar Hidalgo

No seré la primera, ni la última…pero esta es mi historia con la condromalacia rotuliana. Siempre supe que las lesiones son parte de la vida de los bailarines, y estaba consciente de eso, más nunca pensé que una lesión en mi vida cambiaria las cosas por completo. Realmente nunca creí tener tanta fortaleza dentro de mí, y esa misma fortaleza y el amor por mis sueños son los que me han hecho superar cada obstáculo puesto en mi camino en el último par de años.

Sin duda he aprendido un par de cosas, pero el hecho  de aferrarme a mis sueños, es el motivo por el cual sigo en el camino de la danza.

La danza ha estado presente la mayor parte de mi vida, el hecho de querer dedicarme por completo a ella, fue el primer paso para convertirme en una persona llena de esperanzas y sueños en un futuro lleno de adversidades pero, sin duda me ha traído felicidad, aunque también dolor y tristeza, pero, estos dos últimos no estuvieron presentes hasta los últimos dos años de mi corta vida.

Soy estudiante de la licenciatura en danza, en el municipio de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, en la carrera curso tres disciplinas: folklor escénico, danza clásica y danza contemporánea, y diversas materias teóricas. Al inicio de mi quinto semestre de la licenciatura, me diagnosticaron con desgaste de cartílago en ambas rodillas, me aplicaron unas inyecciones directamente a las rodillas que me ayudarían a lubricar y amortiguar la articulación. Continúe realizando mis actividades en la escuela, pero al poco tiempo el dolor se empezó a desarrollar cada vez más, me costaba realizar el plié en las clases de ballet, zapatear en mis clases de folklor y realizar saltos en la clase de contemporáneo. Cada vez era más difícil mantenerme en relevé, ya que al mantener completamente estirada mis rodillas generaba cierta rigidez, provocando dolor en ellas. Al haber sido siempre una estudiante dedicada, el hecho de no poder realizar ciertas actividades fue un golpe duro, mi rendimiento iba bajando y sabía que algo estaba mal. Dentro de mí, miles de preguntas me acechaban: ¿el tratamiento que me dieron no funciono? ¿A qué se debe este dolor? ¿Volveré a hacer las cosas que antes no eran difíciles para mí?, tenía un miedo tan grande, que entraba por mis rodillas y me oprimía el corazón. Empecé a abandonar proyectos, porque me era imposible continuar y comprometerme cuando algo indicaba que mi cuerpo no estaba del todo bien.

Decidí acudir con un traumatólogo, me diagnosticó condromalacia rotuliana, me explicó que al no haber recibido un reposo y rehabilitación adecuada, mi rodilla realizo un sobreesfuerzo. Y fue ahí donde empezó una rehabilitación que duraría un año. Tuve que darme de baja de las materias prácticas, era necesario que parara, pero no fue fácil, una de las partes indispensables para mí, para bailar, para caminar, estaba lesionada y cada paso que daba, era como recibir un martillazo directamente en las rodillas, produciendo un dolor verdaderamente intenso que en muchas ocasiones me impedía caminar y el hecho de estar enojada con mi lesión por todo lo que me había quitado momentáneamente hacía las cosas más difíciles. Debo decir que no me dieron muchas esperanzas, la fisioterapeuta, al inicio de las terapias, me explicó que la condromalacia no se quitaría, la rehabilitación me ayudaría a tener una mejor alineación y fuerza en mi musculatura, lo que me ayudaría; sin embargo, el desgate que tenía, no se regeneraría y podría llegar a tener recaídas. Me explicó que el folklor y la condromalacia no se llevan, es un ejercicio de alto impacto, por lo que me recomendaba terminar la carrera y nunca más ejercerlo, de no ser así, el desgaste aumentaría. El proceso de rehabilitación fue difícil, cada terapia, cada paso que daba, me preguntaba ¿para qué?, ¿para qué he tenido que pasar esto?, siempre iba a paso lento, para evitar el dolor y ahí fue cuando entendí, que tenía que ir despacio y esperar. Mis lágrimas desahogaban el dolor y mis suspiros me llenaban de esperanza, el miedo se convirtió en mi compañero y la depresión la manta que me acobijaba por las noches, cuando parecía que iba bien por un tiempo volvía a recaer y ese martillazo sutil en mis rodillas se hacía presente, aun manteniéndola en reposo el dolor estaba presente.

Aquí es donde me puse a pensar que no quería llegar al final de la carrera con mis rodillas destruidas; sin embargo, mi amor por la danza, me dio la fuerza que necesitaba para confiar, y creer que tarde o temprano sanaría y volvería a mover mis pies al ritmo de mi corazón. Fue cuando abrace más que nunca a mi padecimiento y deje de hacerle preguntas, me senté en silencio y me perdone por lo que no pude lograr en esos meses, y pensé que quizás no se regeneraría mis cartílagos, pero si sanarían.

Empecé a bailar de pie, sin flexionar tanto las rodillas para evitar el dolor, imaginándome que cada paso me hacía más fuerte, mis brazos fueron mis alas para tener la esperanza en mis sueños, pero mis pies fueron el cimiento para regresar a tierra y no olvidar donde estaba y la paciencia que debía tener para alcanzar lo que mi corazón deseaba.

No soy la primera ni la última en vivir una lesión en su vida, ni mucho menos seré la primera en sufrir condromalacia rotuliana, pero esta es mi experiencia, la experiencia que me cambió la vida, que me hizo crecer, que me hizo creer, que me dio la posibilidad de amar la danza en todas las formas posibles que pudiera ejecutarla. Ha pasado un año, en ocasiones siento un dolor mínimo en las rodillas, pero eso solo me recuerda que las heridas sanan. Soy una aprendiz en este mundo, soy una aprendiz en la danza y sin duda alguna soy una aprendiz de mi lesión, me dio otras alternativas de danzar y a pesar que el miedo aún no se ha ido, seré aprendiz también de él para poder bailar con la precaución y cuidado que necesito para proteger mis rodillas y seguir bailando con ellas por mucho tiempo más.

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