La danza ya no es la misma

Areli Morán*

Vivimos un momento histórico de drástico distanciamiento físico-social, este momento exige cambios que desafían nuestras costumbres. Por otro lado, este momento nos ofrece una gran oportunidad de introspección, y de nuevos estímulos creativos. 

La práctica del día a día y el diálogo artístico global se están remodelando, y los artistas permanecen en constante negociación con la necesidad de crear y sobrevivir.

En esta nueva realidad, adversa a la que conocemos, es nuestro trabajo y responsabilidad plantear estrategias que nos ayuden a seguir con nuestra labor. Si bien la adaptación ha sido un reto, es casi imposible continuar con los mismos patrones e intentar llevar la vida de la misma manera, las condiciones ya no son las mismas, la danza ya no es la misma.

Ya no tenemos que imaginarnos dentro de un cuadrado, y tratar de alcanzar todos los extremos de ese cuadrado, como en un ejercicio de danza. Ya vivimos en ese cuadrado. 

La experiencia ya no es la misma, no necesitamos hacer una mochila, recorrer las calles para llegar a una clase o ensayo y compartir, con otras 4 o 20 personas, el mismo aire sudado dentro de un estudio de danza. Hemos sido forzados a utilizar herramientas tecnológicas con las que muchos hacedores de la danza o docentes no tenían relación, pues no las consideraban parte de su quehacer profesional, ya que la herramienta principal de la danza es el cuerpo, y además, en un acto presencial. 

Ahora hemos aprendido a usar zoom, a bailarle a la cámara o a editar videos y no se diga poner subtítulos y agregar animaciones, pues de alguna forma tenemos que explotar esa creatividad contenida.

Estamos aprendiendo a reconstruir el espacio donde vivimos, convertir nuestros sillones en escenografía y nuestras plantas en el motivo de la danza. Este momento, no debería de ser precisamente un momento de tristeza para tratar de borrarlo de nuestra memoria cuando pase y nunca más pensar en él. Este momento estará siempre en nuestra experiencia, ahora es parte de nuestra vida y es parte de la historia. Ya que no todos los cambios forzados son negativos la pregunta es, ¿qué queremos hacer con esta nueva realidad? ¿Cómo podemos desarrollarla?

La danza ya no es la misma danza, ya no es solo el cuerpo. La exposición ya no es la misma, el aspecto visual ahora predomina pues el público ve la danza en una pantalla plana. 

El público ya no es el mismo, el creador o el espacio ya no es responsable de crear la atmósfera adecuada para el público, ahora son ellos los que deciden. También son ellos los que deciden cuándo interrumpir el momento y probablemente nunca te darás cuenta, la interrupción se ha convertido en parte de la experiencia del espectador. 

En estos momentos la danza ya no es la misma.

DANCE IS NO LONGER THE SAME DANCE

We live in a historic moment of radical physical social distancing , this moment demands changes that challenge our customs. On the other hand, this moment offers us a big opportunity to be introspective, and find new creative stimuli.. 

The everyday practice and the artistic dialogue are being remodeled, and the artist remains in constant negotiation with their creative and survival needs. 

In this new reality, adverse to what we know, it is our job and responsibility to set strategies to help us to continue with our work. While the adaptation is a challenge, it is almost impossible to continue with the same structures and try to live life in the same way. The conditions are no longer the same, the dance is no longer the same. 

We don’t need to imagine ourselves inside a square, and try to reach at the extremes of that square, like in a dance exercise. We are living in that square. 

The experience is no longer the same. We don’t need to prepare a backpack, run the streets to arrive at a dance class or rehearsal and share, with 4 or 20 other people, the same sweaty air in a dance studio. We have been forced to use technological tools that some many dance makers or dance teachers didn’t have a relation with before, because it was not considered a primordial part of their professional work, since the main dance tool is the body, and live performance is a face-to-face act.

We have learned to use zoom, to dance to the camera or to edit videos, and even to add subtitles and animations, because somehow we have to use all that restrained creativity. 

We are learning to rebuild our living space, transform our couches into scenography and our plants in the leitmotif of our dance. This moment should not precisely be a sad one to be erased from our lives and never thought about again. This moment will be forever in our experience, now as a part of our life and part of history. Since not all forced changes are negative the question is, what do we want to do with this new reality? How can we develop it?

Dance is no longer the same dance, it is not anymore about the body. The exposure is no longer the same, now the visual aspect predominates as the audience sees dance on a flat screen. 

The audience is no longer the same, the creator or the venue is no longer responsible to create an adequate atmosphere for the audience, nowadays they decide. As well the audience decides when to interrupt the performance and probably we will never notice it, the interruption has become part of the audience experience. 

At this moment, dance is no longer the same. 

*Areli Morán es directora general de Expectante www.expectante.net

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