Carta a la comunidad ADM

Ciudad de México a 2 de mayo del 2020

Comunidad Academia de la Danza Mexicana:

El siguiente documento es una invitación a reflexionar en torno al panorama que plantea la actual pandemia de Covid-19 y cómo nos afecta sustancialmente a las personas y, por ende, a los estudiantes. Las cuestiones aquí expresadas son determinantes para nuestro proceso de educación artística y la garantía de los Derechos Humanos, mismas que no están siendo contempladas por las autoridades correspondientes de la Academia de la Danza Mexicana y el INBAL.

Nos hemos visto forzados a adaptarnos a una nueva forma de vivir desde hace más de un mes. La necesidad del confinamiento a causa del virus Covid-19, el cual alcanzará su punto más crítico en unos días, pone de manifiesto una realidad que muchos desconocen, otros ignoran y otros más la sostienen; pero que hoy se nos muestra de forma sumamente clara, y es momento de dejar de cerrar los ojos.

La pandemia de Covid-19, en cuanto fenómeno con repercusiones sociales, agravia las relaciones de desigualdad y las estructuras de opresión en sus distintas expresiones, preexistentes en un contexto como el de México. La realidad es que en nuestro país, más del 50% de la población vive bajo condiciones de precarización laboral y/o pobreza. Se estima que durante la pandemia entre 5 y 8 millones de personas han perdido su empleo y que, en 1 de cada 3 hogares los ingresos se han reducido por debajo de la mitad. Además de que un muy alto porcentaje de la población se dedica al trabajo informal (comercio, trabajo independiente, micronegocios, sin contrato, etc.). Esto quiere decir que  la mayoría de las personas en nuestro país no tiene ingresos suficientes para quedarse en casa. Por lo tanto, hacerlo con acceso a alimentos y servicios es un lujo que muchos no pueden darse.

Por si esto fuera poco, el confinamiento aumenta el tiempo en el que millones de mujeres tienen que compartir un espacio delimitado con sus agresores, potencializando el riesgo de ser dañadas. (Recordemos que el 60% de los feminicidios son cometidos por sus parejas o familiares). Los feminicidios no han cesado ni disminuido durante la pandemia. La medida de quedarse en casa aumenta la exposición a la violencia doméstica que viven las familias mexicanas, y vulnera especialmente a mujeres y niñas. Además de incrementar la carga de trabajo (no remunerado) doméstico y de cuidados que “tradicionalmente” recae en las mujeres.

Por otro lado, los efectos en la salud mental derivados de la pandemia de Covid-19 son innegables y de igual relevancia. La incertidumbre por el futuro, el estrés y estado de alerta constante por el riesgo de contagio de uno mismo o sus cercanos, el confinamiento, preocupaciones como ansiedad y angustia… Estos estados no suelen ser habituales en nuestra cotidianidad o, al menos, no se prolongan por tanto tiempo (en este caso más de un mes, y resta otro más). La salud mental es una dimensión fundamental del acceso al bienestar y a una vida digna.

Doy un poco del contexto pues, al parecer, todo lo anterior no se está tomando en cuenta para las decisiones impuestas por las instituciones educativas, en este caso, en la Academia de la Danza Mexicana (ADM), perteneciente al INBAL. La escuela insiste en dar continuación a las actividades académicas, incluso con la pretensión de lograr la adaptación del curso regular, a través de actividades y tareas en línea y a distancia. Al menos esto parece hasta los últimos comunicados oficiales. Cabe mencionar que dichas actividades comenzaron desde el 20 de abril.

Que las estrategias propuestas por la institución se reduzcan a que cada maestra o maestro, y cada licenciatura tendrán libre cátedra para impartir sus clases y escoger la forma y el medio por el que evaluará, haciendo hincapié en la obligatoriedad de las mismas y, que en caso de que algún alumno o alumna tenga dificultades tecnológicas se resuelva éste de manera personalizada, me parece, por lo menos, una gran falta de empatía. Esto me suscita una serie de cuestionamientos:

¿La escuela considera que ninguno de sus estudiantes se ve afectado por, mínimo, alguna de las situaciones expuestas anteriormente? ¿La ADM decide, conscientemente, someter a sus alumnos a circunstancias que contribuyan a la vulneración de su bienestar, a costa de “rescatar” un mes y medio de clases? ¿Se cree que la academia y la técnica están por encima de la integridad personal y las necesidades básicas de las y los estudiantes (al igual que sus docentes)? ¿De verdad se pretende compensar la falta de clases presenciales (en nuestro caso la mayoría son necesariamente prácticas) con plataformas de videollamadas y tareas? ¿Se juzgan como óptimos todos los factores de estrés psicológico, vulnerabilidad socioeconómica, estados de ansiedad, depresión, aislamiento, entre otros, para el eficaz proceso de enseñanza-aprendizaje? ¿La escuela está considerando, al exigir el cumplimiento de las nuevas actividades como parte de nuestra evaluación, a sus estudiantes que tengan algún familiar o cercano enfermo de Covid-19? ¿O a aquellos que han tenido que cambiar su habitual rutina para ahora ayudar a su familia con el ingreso económico? ¿A los que se mantienen a sí mismos de un trabajo informal? ¿Se está pensando en lxs que no tienen acceso a las tecnologías en sus hogares o este es complicado y deficiente? ¿O en lxs que no tienen un espacio óptimo para hacer las clases y ejercicios, ya sea por tamaño o por otras condiciones (por ej. violencia doméstica)?

Pueden existir muchísimas otras más circunstancias aparte de las mencionadas hasta ahora.

No podemos seguir sacrificando nuestro bienestar e integridad humana por querer seguir aprisa el dictado de las normas institucionalizadas. No podemos aceptar que se den clases para unos cuantos mientras que para los otros (pocos o muchos), que no se encuentren en las condiciones “óptimas”, esperadas o necesarias para la pretendida continuación del curso, tengan que resignarse a reprobar materias, sentirse culpables, abrumadxs, estresadxs y con ansias de desertar de un espacio que no se preocupa ni piensa en su comunidad.

Las decisiones que ha tomado la institución implican una violación a sus derechos humanos básicos, tales como el acceso a la educación, la dignidad, el derecho propersona, el libre desarrollo y la igualdad, generando condiciones de discriminación. Ignorar que las circunstancias extraordinarias provocadas por la pandemia profundizan las desigualdades y agravan las de por sí desfavorables condiciones en las que viven algunos, denota una indiferencia mayor. Pero para no apelar únicamente al sentido moral de los dirigentes de esta institución, las medidas tomadas son violaciones a los derechos de todas y todos los integrantes de la comunidad estudiantil de la que las autoridades son responsables, y que no pueden ignorarse bajo ninguna circunstancia.

El Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) es responsable de organizar la educación artística en todo el territorio nacional y de que los profesionales egresados de sus escuelas alcancemos el mejor nivel de enseñanza-aprendizaje, para que en el futuro seamos capaces de impulsar la producción, promoción y difusión de las artes. Asímismo, es su deber que siempre las decisiones administrativas y educativas tomadas sean en pro de una mejor vida académica y la  integridad del alumnado en sus dimensiones física, moral, ética y emocional.

Con esto, exhorto a la institución a repensar sus estrategias y sus prioridades hasta hoy manifestadas. La cuestión del libre acceso a la conectividad y dispositivos tecnológicos no es suficiente para garantizar el proceso de enseñanza-aprendizaje; en él intervienen también las posibilidades de capacitación de calidad sobre las nuevas tecnologías, el desarrollo de estrategias y diseños pertinentes para ser desplegados en las plataformas virtuales, disponer de lugares y tiempos propicios para realizar una clase. Ignorar estas cuestiones es subyugar la calidad de los contenidos didácticos y la experiencia del aprendizaje, a la prisa por concluir en los tiempos institucionales estandarizados de un curso, para cumplir ante las dependencias académicas y administrativas correspondientes.

Asímismo, es una invitación a reconsiderar su posición como escuela de artes, con la responsabilidad de la formación de cientos de futuros artistas, y cómo estas decisiones y posturas tienen efectos inmediatos en la dinámica de nuestra comunidad, en nuestra formación como estudiantes y la calidad de nuestro futuro desempeño como profesionales del arte a corto, mediano y largo plazo.

La vida digna es la prioridad.

Pamela Altamirano

Estudiante de la Lic. en Danza Contemporánea.  

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Foto: Ulises Ávila / Obra: No hay texto adicional (dir.: Evoé Sotelo)

Referencias

Encuesta de Seguimiento de los Efectos del COVID-19 en el Bienestar de los Hogares Mexicanos (ENCOVID-19). Universidad Iberoamericana A.C.

http://www.laizquierdadiario.com/Educacion-e-inequidad-virtual-en-tiempos-de-Pandemia

1 Comment

  1. Gracias por ser la voz de muchos que no tenemos las conjugación de las palabras ni el conjunto de valor para llevarlo acabó.

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