END19: tradición y modernidad en diálogo

El día de hoy, el Encuentro abrió su programa a la representación de la zona Noroeste (Baja California y Sonora) y el Estado de México. Dada la cantidad de compañías en el país, la representación regional en la curaduría del festival es limitada (en este caso dos compañías de la región); sin embargo, se entiende el intento por abarcar todo el país sin caer en centralismos y parece acertado el programar regionalmente.

Lo que parece sí ser totalmente predominante es el dominio de la danza contemporánea sobre otras danzas en este Encuentro Nacional de Danza (contemporánea). La representación de otras danzas es muy menor, pues sólo veremos una compañía de tango, de hip hop, ballet, flamenco (en la conferencia de Lourdes Lecona) y folclor (contemporáneo). Un ejemplo de esto último lo vimos con la presentación de Paula Villaurrutia (https://revistafluir.art/2019/11/17/end19-de-la-tiricia-en-solitario-a-la-tiricia-social/) y la obra que abordaremos en este texto: Los concheros que me tocan, de la compañía Margarita Danza aquí.

Antes de eso, a las cinco de la tarde, la maestra Lourdes Lecona, dictó la conferencia magistral “El flamenco y su contexto en México”, donde expuso los elementos que contextualizan el desarrollo de este género en México. Asimismo, habló de la memoria como estrategia de preservación y salvaguarda del patrimonio cultural inmaterial y brindó herramientas teóricas para la investigación, además de metodologías de enseñanza y aspectos significativos sobre la praxis docente, creativa y escénica del flamenco en México. Importante mencionar la importancia de la sistematización teórica y la sana práctica de escribir experiencias y compartir los saberes por medio de dispositivos (libros) que fijen dicha memoria y experiencia para futuras generaciones.

Lourdes Lecona

Como mencionaba anteriormente, lo contemporáneo tiene mucho peso aquí, al grado que el folclor se presenta absorbido o en franco diálogo con lo contemporáneo. La pieza que se presentó en el Teatro Elisa Carrillo del Centro Cultural Mexiquense Bicentenario para culminar el día fue otro claro ejemplo de ese intercambio.

Los concheros que me tocan de la compañía sonorense Margarita Danza aquí, parte evidentemente de una base folclórica, toma el folclor como punto de partida de su exploración. Claramente no es una compañía de folclor, pero las influencias, al menos de esta obra, están ahí. Hay una reapropiación y una resignificación de la tradición. Es inevitable no plantear esa eterna pugna entre quienes luchan por mantener la tradición inamovible o lo más fiel a la costumbre y quienes abordan la inevitabilidad del cambio, el dinamismo social y artístico. La danza no está exenta de esta tensión. En este caso, el coreógrafo apuesta por lo segundo y presenta una exploración/apropiación de la tradición en diálogo con la contemporaneidad.

Los concheros que me tocan es una pieza desértica, una obra que se ha dejado tocar y se alimenta del desierto: el vestuario con su paleta de ocres, caqui, café, blanco; la iluminación y la disposición de los cuerpos y sus formas en ciertos momentos nos trasladan inevitablemente al desierto y sus silencios. Un paisaje en movimiento, evocaciones y naturalidad.

Por momentos miramos las antiguas danzas mexicanas, después movimientos sacudidos, carreras en círculo, haciendo cuerpo y danza lo que nos conforma como pueblo: el sincretismo, el ser colectivo que se ha alimentado de distintas tradiciones y que comparten tiempos y ubicaciones geográficas, lenguaje y creencias. Miramos también religiosidad encarnada en la figura de la virgen de Guadalupe, así como diversos pasajes que muestran distintas vertientes del contexto donde fue creada la obra.

Gloria Minauro_Isoptica

También merece mención la musicalidad generada a partir de sonidos del cuerpo, de golpes en el piso, saltos. Música de cuerpos impactando el piso, sonidos antiguos, primigenios, que toca partes ocultas en el espectador.

Si bien podría ser algo larga esta pieza creada por David Barrón, nos ubica en el diálogo y la tensión entre tradición y modernidad y, quizá, lo inútil de esa discusión. Los concheros que me tocan es una obra que ayuda a ver cómo se gesta una nueva tradición, el dinamismo de una sociedad y un creador en movimiento, fuera de etiquetas y clasificaciones. Pues también podemos plantear la utilidad o inutilidad de etiquetar: ¿es folclor o contemporáneo? ¿dónde lo ubicamos? Al final podríamos comenzar a deshacernos de eso y abrazar la danza, el proceso y el abordaje respetuoso de una tradición para integrarla a los seres que somos hoy, cargados de historia, significación, cicatrices, pero que caminan y avanzan en la búsqueda y construcción de lo que seremos mañana.

FABIÁN GUERRERO

Fabián Guerrero

Editor y lector

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