END19 Día 1: Concerto Nuestro

Noviembre de 2019. La configuración sociopolítica de América Latina parece moverse, las sociedades se movilizan buscando mejorar sus condiciones de vida, después de años de un sistema injusto, extractivo e inhumano, en el que la vida y la humanidad parecen estar en segundo plano. Ecuador y Chile con movimientos en las calles, así como Uruguay y Haití, Bolivia y su presidente exiliado en México, país que inicia administración bajo una supuesta bandera de izquierda.

Bajo este contexto, la comunidad dancística (o una parte de ella) se reúne como cada año en el Encuentro Nacional de Danza, organizado por la Coordinación Nacional de Danza que también inicia nueva etapa bajo la administración de Nina Serratos. Este año, el Estado de México alberga cerca de 400 invitados en el Centro Cultural Mexiquense Bicentenario de Texcoco, imponente y hermoso espacio que plantea un reto logístico, cuyo principal desafío para la danza y quienes la hacemos será dotarlo de alma, de corazón.

Como siempre, el Encuentro comienza en las camionetas, camiones, hoteles en donde somos hospedados y transportados, en los espacios de comida. El desfile de abrazos, saludos, sonrisas… de encuentros, pues, se multiplican. Las charlas corren, las puestas al día, los intercambios suceden. La danza de los encuentros.

Lo primero en dar inicio fueron los talleres: butoh, creación coreográfica, dramaturgia del intérprete y técnica de ballet como experiencia (fotos y más info en este link https://revistafluir.art/2019/11/15/talleres-encuentro-nacional-de-danza-2019/). Y más tarde un desfile inaugural por las calles del centro de Texcoco con representantes de nuestra danza folclórica.

Las cosas nuestras

Las programación dancística en teatros comenzó con LCNescena, que presentó la pieza LAS COSAS NUESTRAS, un dueto sobre las ausencias, la fraternidad y la hermandad. Enrique Cosío y Luis A. Villegas presentaron este dueto dirigido por César René Pérez.

¿Qué es “lo nuestro”? ¿Cómo construimos o nos apropiamos de “lo nuestro”? Si bien es cierto que es imposible e incluso detestable la apropiación de alguien más, también podemos decir que en las relaciones afectivas estamos dando algo para ser tomado por la otra, el otro, y tomamos y nos quedamos con algo de la persona con quien compartimos. Cuando no existe manera de volver a mirar o abrazar a alguien en este plano, se potencian esos intercambios que hicimos con quien no está. De esta manera, lo “nuestro” se abre a un concepto más amplio, no es apropiación, sino intercambio: lo nuestro está tejido por una red de afectos, reciprocidad y vivencias comunes.

Esta pieza plantea “la historia de dos hermanos que han sido separados por la muerte de uno de ellos”, y en el desarrollo de la misma, somos testigos de esa red de complicidades y afectos. De una forma no lineal, vemos la relación de estos dos hermanos. Es revelador el ser cómplices de cómo se desarrolla una relación entre hermanos varones, el cómo nos abrimos al amor a través del zape, cómo nos enseñan a construir nuestras relaciones afectivas por medio del golpe, del juego violento, pero a la vez la manera en que esa dureza no lesiona un afecto, sino que lo profundiza. Por supuesto no hay apología o invitación a la violencia, no es una invitación a pegarnos, sino solamente señalo la brusquedad masculina que utilizamos entre hermanos para relacionarnos, sin lastimar, sin herir. En escena vemos a estos hermanos jugar, zapearse, tirarse carrilla. Pero no sólo eso, es conmovedor mirar la similitud de movimientos, cómo uno copia al otro (hermano mayor y hermano menor), a veces cercanos, a veces distantes, en actos cotidianos y con buen trabajo corporal de los intérpretes. El movimiento es lento en su mayoría, lo que enfatiza el dramatismo, sobre todo cuando descubrimos la ausencia.

Esta es una obra de ausencia y búsqueda: hay un bailarín presente y otro presente/ausente, un espectro, un recuerdo en movimiento. Es difícil dilucidar si esta danza se presenta en la mente del personaje o no. Ambos casos son posibles. “¿Dónde estás?”, dice el personaje vivo. Busca a su hermano ausente. Busca. Busca. Es curioso que el Encuentro arranque con una obra sobre ausencia y búsqueda, pues la entidad donde estamos, el Estado de México, tiene el primer lugar en feminicidios en el país. Es una localidad de ausencias y búsquedas, de cuerpos ausentes y madres y padres y hermanos viviendo con esa ausencia. Según el portal Sin Embargo, este estado cuenta “con un total de 339 crímenes mortales contra mujeres, de los cuales 258 son catalogados como homicidios dolosos, y el resto (81) como feminicidios” en lo que va del año (https://www.sinembargo.mx/25-10-2019/3667897). Esas también son las cosas nuestras.

Un detalle importante es que la iluminación de ese foro fue limitada y las compañías que ahí se presentan no tienen posibilidad de mover luminarias, lo que cambia el trabajo pues tiene que ajustarse, aún así, la iluminación de Jésica Elizondo fue bien resuelta para acentuar los estados de ánimo de los personajes. Los creadores logran una obra entrañable y profunda, a pesar de ser una compañía joven que necesita desmarcarse un poco de claras influencias musicales y de movimiento, el camino para estos jóvenes creadores es bastante prometedor.

Concerto Grosso

Para cerrar el día, el bello Teatro Elisa Carrillo abrió sus puertas a la compañía morelense Ictus Danza Contemporánea. Antes se llevó a cabo la inauguración de la exposición fotográfica “El cuerpo como signo”, curada por Haydé Lachino y Gloria Minauro, con la intervención performática de Espartaco Martínez en el lobby del teatro y a través de las fotos, dando cuerpo y movimiento, ilustrando esta idea del cuerpo como signo. La presencia de este magnífico bailarín siempre provoca reacciones por su trabajo, su limpieza y su técnica. Una danza trasgresora, que mira de frente e impacta con su movimiento y corporalidad tan particular.

Espartaco Martínez

Adentro del teatro, una compañía que representa al estado de Morelos, ya que la curaduría de este encuentro está dada por regiones del país, y este día correspondió a la zona centro.

Ictus Danza llegó al Encuentro Nacional con la obra Concerto Grosso. Sobre la pena y la vergüenza. Esta pieza es un diálogo constante entre el cuerpo y la música, el cuerpo como instrumento vivo y actuante, pero también como objeto pasivo.

La idea es sencilla: un director dirige su orquesta, y a través de esta acción se desarrollan las corporalidades, las notas, los colores, los sueños, los miedos, los deseos. Una obra bella, bien ejecutada, visualmente poderosa y con una acertada elección musical.

Los cuerpos son los instrumentos al servicio del director, clara metáfora del creador y su instrumento de trabajo. Sin embargo, me gusta pensar más en la idea abstracta de la música: los cuerpos como ondas sonoras, vibraciones que responden al empuje del aire o imágenes sonoras en la mente del director. El director dispone de su materia a su antojo, y de una imagen poética, de cuerpos plásticos, dúctiles, materia en abstracción, miramos cuerpos sin voluntad, carne vil, instrumentos al servicio de, objetos sin libertad. Una relación de poder donde el director pone y dispone, usa. Así, lo miramos caminando entre sus herramientas con un violín en la mano, haciendo sonidos inconexos y provocando esa reacción del otro a su voluntad. Todo está ahí para él, para su uso. Sin embargo, también vemos ese poder desdibujarse y miramos la vulnerabilidad del ser humano desnudo, en acto creativo y/o en conflicto interno.

Vaiven de cuerpos, vaivén temático y onírico con sillas flotantes en esta obra de Gerardo Sánchez Benítez y Beatriz Dávila Brom que culminó con aplausos la primera jornada de este Encuentro Nacional de Danza.

Más encuentros en el comedor y una movilidad de los asistentes que requiere ajustes urgentes, entre otros detalles que seguramente se irán corrigiendo. Así culminó este primer día de lo que será una larga y rica semana.

FABIÁN GUERRERO

Fabián Guerrero

Editor y lector

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